Desaprender: dejar de tener razón. Soltar ideas que no funcionan más. Cuestionar lo que sabemos como una verdad absoluta. Abrir espacio para el aprendizaje real. Salir de un estado de seguridad aparente para ir a un estado de evolución permanente.
La curiosidad es una de las actitudes más valiosas, porque nos impulsa a aprender cosas nuevas.
Sin embargo, en la vida adulta, esa curiosidad tiene que ser cultivada sobre una base anterior, la de desaprender lo que ya sabemos. La de saber que no tenemos razón. Cuestionar nuestras ideas más básicas y trascendentes.
Es sumamente difícil, porque nuestras ideas nos dan identidad. ¿Qué ideología tenemos? Eso nos marca en muchos aspectos de nuestra vida y nos cierra a otros.
¿Por qué desafiar eso que sabemos nos hace evolucionar? Porque significa que salimos de una forma de ver el mundo para pasarnos a la siguiente. Y esto posiblemente no implique movernos a la vereda de enfrente (aunque en algunos casos es necesario), sino más bien movernos un poco hacia el costado, a mirar desde otra lógica.
Uno de mis libros favoritos es Piénsalo otra vez, escrito por Adam Grant. En el prólogo de este libro, él dice “Nos reímos de alguien que usa windows 95, pero nosotros seguimos aferrados a ideas que formamos en 1995.”
Imaginate que alguien te dice que usa el Encarta 98 para buscar datos sobre un país al que quiere visitar en sus próximas vacaciones. Como mínimo pensarías que es una persona con problemas severos de ubicación en tiempo y espacio.
Y sin embargo a nosotros nos enorgullece mantenernos en una idea de la que estamos seguros desde hace (tal vez) más de 10 años.
Desaprender no significa que no tengamos valores que se sostengan. Significa que justamente por esos valores tenemos que desaprender cómo se materializaban hace algunos años, para entender cómo se materializan en la actualidad.
Ser inclusivos ahora no es lo mismo que lo que considerábamos ser inclusivos en los ‘80. El valor fundamental es el mismo, el formato y cómo la humanidad necesita que lo hagamos es distinto. Y ni siquiera hay que irse a la humanidad, en nuestro entorno las ideas de inclusión deberían haberse editado.
¿Cómo hacés para desaprender? Empezá por dudar si tenés o no tenés razón en lo que te estás diciendo a vos mismo. Puede que estés sosteniendo una postura que no tiene sentido. Desde ese lugar abrirte a dudar de alguna parte de tu idea o de tu idea completa. A veces son juicios, a veces son ideas sueltas que están atadas a valores, pero que ya no condicen con tu idea de ese valor.
Y en ese espacio de duda, mantené una curiosidad activa. Yo te aconsejaría que leas algo que se haya escrito sobre ese asunto en los últimos años, porque ya te he dicho que leer es un acto reflexivo. También podés ver documentales, películas… hablar con personas fuera de tu primer cordón. Lo que sea.
El asunto será que desafíes activamente eso que hasta hoy era una verdad aprendida, absoluta y que tal vez hoy te pesa más de lo que necesitás. La carga te la ponés vos, nadie más.
Tu tarea para vos es esa, pensá ¿Qué idea ya no te funciona? ¿Por qué dudás? ¿Qué no te funciona? Abrí ese espacio desde la curiosidad y editá eso que pensás.
Si te interesa este tema, y te gustaría que vuelva a hacer el Club de Lectura del Libro de Adam Grant “Piénsalo otra vez”, respondeme a este mail contándome por qué hoy te resuena esta idea a vos. Tengo ganas de repetirlo y sus ideas me van a ayudar a hacerlo muy funcional.
Como siempre, compartile este concepto a quién creas pueda resonar con su real significado. Confío en que estas ideas nos impulsen a redefinir cómo trabajamos de forma concreta y posible.