Cuando una persona me busca para entender si algo de lo que yo hago puede serle de utilidad para destrabar un asunto laboral, tenemos una sesión discovery, una sesión exploratoria en la que soy toda oídos. Como ya les conté en otro newsletter, los primeros minutos de esa conversación son el material más valioso para mí, porque en esas primeras palabras hay un mensaje poderoso que todavía no tienen ordenado.
Estuve revisando las notas, y de las últimas 12 de estas sesiones 11 personas comenzaron diciéndome que estaban cansadas, desmotivadas y una de hecho comenzó a llorar y me dijo "como verás estoy desbordada".
¿Qué nos está pasando con el trabajo? ¿Esto es Burnout?
Las cifras son contundentes: en Latinoamérica, 8 de cada 10 personas reportan haber experimentado estrés, desmotivación o agotamiento en el último año. Argentina lidera el ranking con 86% de personas que dicen tener burnout, seguido por Chile (82%), Panamá (78%), Ecuador (74%) y Perú (66%).
La magnitud del problema llevó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a reconocerlo oficialmente como un fenómeno ocupacional, definiéndolo como "un síndrome conceptualizado como resultado del estrés laboral crónico que no ha sido gestionado exitosamente".
¿Qué es realmente el Burnout?
Es sentir ese cansancio crónico cuando pensamos en todo lo que tenemos que hacer o estamos haciendo en el trabajo. Crónico: se repite día a día y entramos en una espiral de la que nos es difícil salir.
Pero, ¿cómo se manifiesta exactamente este síndrome en nuestra experiencia diaria? La psicóloga Christina Maslach, pionera en la investigación de burnout, desarrolló el Maslach Burnout Inventory (MBI), la principal herramienta para identificar este fenómeno. Según su investigación, el burnout tiene raíces en seis dimensiones:
- Carga de trabajo
- Percepción de falta de control
- Falta de recompensa o reconocimiento
- Relaciones empobrecidas
- Falta de equidad
- Desajuste de valores
Pueden darse todos los factores juntos o sólo algunos. Definitivamente no todos tienen el mismo peso si se sostienen en el tiempo.
En su libro The Burnout Epidemic, Jennifer Moss enfatiza que la causa raíz de estos factores es la desatención a componentes básicos (los llama higiénicos) que contribuyen a que los empleados se sientan satisfechos, y traza conexiones con la teoría de Herzberg.
Sin embargo, y dado que todo esto suena muy Maslow, agrega que la motivación es la que determina cómo entendemos lo que está pasando laboralmente. La resignificamos, dándole un nuevo valor, y nos sentimos más cercanos a la realización que evita el burnout, aún cuando trabajemos muchas horas.
El antídoto: Burn-in
Desde esta línea de pensamiento quiero dejarles un concepto para pensar en el antídoto.
Burn-in: es la acción de encender algo en nuestro interior. Dirige y guía nuestra mente y acciones hacia nuestro querer auténtico que nos conecta con nuestro eje. Encontramos la motivación porque entendemos qué es eso a lo que quisiéramos dedicarle nuestro tiempo laboral. Poderoso antídoto contra el Burnout.
La motivación no puede generarse, la motivación puede despertarse. Lo que a vos te motiva puede que a mí no. O lo que te motivó en algún otro momento ya no. La motivación es intrínseca y requiere de un trabajo de autoconocimiento y sobre todo de aceptación.
¿Qué querés? ¿Pero qué querés realmente? ¿Cómo conecta esa visión de éxito profesional con tu visión de éxito personal? Y no te hablo de trabajo remoto o híbrido para evitar lo presencial. Te hablo de algo más profundo: ¿qué es eso que querés hacer y con lo que soñás despierto y no te animás a bajar? No siempre es emprender, puede ser cambiarte de trabajo, hacer algo distinto en la empresa en la que estás, entre otras mil posibilidades.
Porque el burn-in como antídoto no busca que trabajes menos horas, busca que trabajes mejor. Que trabajes por tu causa (la que sea), que potencies eso en lo que sos bueno o buena y que te enciendas. Que generes algo nuevo, que el mundo/tu entorno no vio todavía.
Para que todo esto suceda, no necesitás de un otro, necesitás saber, reconocer y aceptar eso que te emociona. Qué te moviliza. Que te enciende.
El antídoto para el burnout es que lo que te queme venga de adentro tuyo.